Durante el mes de marzo, retomamos los patrullajes forestales en los bosques secos de La Libertad como parte de las acciones de conservación impulsadas por A Rocha Perú. Volver al campo no solo significó reactivar el monitoreo, sino también reconectar con el territorio, recorrerlo nuevamente y observar de cerca la realidad que enfrenta este ecosistema tan importante y vulnerable.
A lo largo de los recorridos, fuimos encontrando distintas situaciones que reflejaban tanto los desafíos como las oportunidades de la conservación. En algunos puntos, identificamos a personas realizando tala de árboles, a quienes se les llamó la atención y amonesto, recordandoles la importancia de proteger el bosque y respetar las normas establecidas. También tuvimos la oportunidad de conversar con turistas que visitaban la zona, con los cuales se generó espacios de sensibilización sobre el impacto de arrojar residuos y la importancia de mantener limpio el entorno natural.
Sin embargo, no todo fueron señales de alerta. Durante las caminatas también encontramos aspectos positivos que nos llenaron de esperanza. Pudimos observar brotes de algarrobo en crecimiento, evidencia de regeneración natural, así como árboles en buen estado y libres de plagas. Estos hallazgos logran reflejar la capacidad de resiliencia del bosque seco cuando se le brinda el cuidado necesario.
Como parte del trabajo en campo, también recolectamos botellas y otros residuos que encontramos a lo largo del recorrido. Y aunque esto pueda parecer una acción sencilla, tiene un impacto directo en la salud del ecosistema y contribuye a generar un entorno más limpio y seguro para la biodiversidad.
Además, realizamos una visita a la presidenta de la comunidad San Pedro de Lloc, fortaleciendo asi el vínculo y el diálogo con los actores locales. Este tipo de articulación es clave para construir estrategias de conservación sostenibles y de largo plazo, basadas en la colaboración y el compromiso compartido.
Estos patrullajes nos recuerdan que la conservación va más allá del monitoreo. Implica educar, dialogar, actuar y, sobre todo, estar presentes en el territorio. Es en ese contacto directo donde se generan cambios reales y se reafirma el compromiso de seguir trabajando por la protección de los bosques secos.
